Pedid la paz para Jerusalén
Testimonio personal de André Chouraqui sobre Jerusalén, la ciudad que descubrió en 1950 y donde construyó su hogar. Describe su experiencia como teniente de alcalde junto a Teddy Kollek y su visión de Jerusalén como laboratorio de la unidad humana.
Descubrí por primera vez el paisaje de Jerusalén hace treinta y seis años, en 1950. Para entonces había recorrido el planeta entero en todas direcciones y, a decir verdad, no esperaba la conmoción que sentí al llegar a lo que me pareció el techo del mundo, allí donde convergen los paisajes, la fauna, la flora y la humanidad del mundo entero.
Desde la primera mirada me pareció reconocer mi ciudad, el lugar donde poco después habría de establecerme y casarme. Era entonces la Jerusalén dividida, donde construí mi casa cerca de la frontera cerrada desde la cual la Legión Árabe, durante la guerra de los Seis Días, disparó contra nuestro tejado catorce obuses y miles de balas.
Tras haber sido asesor del Jefe del Gobierno, tuve el privilegio de ser elegido en 1965, junto con Teddy Kollek, para el Ayuntamiento de Jerusalén. En ese cargo de dirección, en la hora más conmovedora de la historia de la ciudad, pude ver despertar a la Bella Durmiente: la ciudad renacía de su largo sueño con unas ganas de vivir que parecían querer recuperar el tiempo perdido de los exilios.
Se convertía de golpe en una especie de ciudad madre de la humanidad, donde se cruzan judíos venidos de ciento dos países del mundo, musulmanes que representan todas las etnias y todos los ritos del islam, y cristianos que pertenecen no solo a la Iglesia católica, sino también a otras treinta y una confesiones cristianas.
Ciudad de contrastes, Jerusalén ofrece así un espectáculo de rara intensidad dramática: los fragmentos de un mosaico universal, tallados en la carne de la humanidad entera, se encuentran y recuperan su lugar en la ciudad de las raíces y de las fuentes.
Durante veinte años signo visible de la división y de las contradicciones del mundo, se ha convertido en el laboratorio de su reconciliación. La reconciliación de los Hijos de Abraham, por la que lucho desde hace tantos años entre tantos otros, me parece el único acontecimiento capaz de cambiar el curso de la historia.
Sí, pedid por la paz de Jerusalén.
André Chouraqui, Jerusalén, septiembre de 1986
Traducciones realizadas con ayuda de inteligencia artificial y revisadas para comprobar su exactitud.

El Medio Siclo figura en la portada de la Biblia Chouraqui